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domingo, 27 de enero de 2019


          
 


             ¿Recuerdas cuándo fue la primera vez que disfrutaste por primera vez un agradable aroma, un delicioso sabor, bellos sonidos, o algo que le haya causado una buena impresión a tus ojos?
                El placer no es algo instantáneo.  La primera impresión no es siempre agradable. 
El bebé está totalmente conectado con su ser interior y hambriento de contacto con su mundo exterior.  Los colores, la luz, los aromas, los sabores, las texturas causan una impresión sobre él, y su cerebro limpio y hambriento detecta inmediatamente la diferencia entre lo agradable y lo desagradable.  Cuando no hemos crecido rodeados de amor y protegidos, en un ambiente de libertad para crecer en esta línea, los prejuicios y los temores pueden mantenernos alejados de algo que otorga placer.  

                Cuando tenemos sensaciones agradables, percibimos una antesala de placer.  Dependiendo de nuestra paz interior y de nuestra actitud mental, podemos percibir algo agradable como desagradable y perdernos el placer de disfrutar de lo que Dios nos da:
                Sentir el sol sobre la piel, el viento rosando tu cara, el agua tibia o caliente sobre tu cuerpo, o el agua refrescándote tras mucho ejercicio o mucho sudor en un lugar cálido;  una bebida caliente, una chimenea, un cómodo suéter en un lugar nevado;  un delicioso pedazo de lomito, jugoso y bien asado, con una exquisita y fresca ensalada, una papa al horno y un vino de la mejor calidad.

                Lo primero que experimentamos de bebés es el placer de estar en los brazos de nuestra madre y pegados a su pecho caliente; sorber la deliciosa leche que sacia nuestra hambre anula el dolor, aleja todo frío y nos llena de bienestar y paz.  Dormimos tranquilos y calientitos en una cama limpia y cómoda, preparada para nosotros, con una almohadita y colchitas escogidas para mí y para ti.  Como niños amados desconocemos el dolor, el sufrimiento, el abandono, el desprecio, el miedo.  Todo está provisto, todo está bien.  Experimentamos el placer del bienestar de vivir protegidos por el amor.
                Conforme vamos desarrollándonos vamos a dirigir nuestra mente, nuestros pensamientos y nuestros sentidos en otra dirección:  la de la curiosidad, la del conocimiento, la de la experimentación, dejando el placer de lado, a veces rezagado, a veces olvidado, a veces menospreciado.
                Según las exigencias de nuestro entorno, el placer puede convertirse hasta en una molestia o un estorbo porque nos distrae de la ardiente tarea de cumplir con una gran responsabilidad, exponiéndonos a saciar luego la necesidad con sensaciones superficiales, artificiales y falsas, que no tienen la capacidad de cubrir una necesidad que fue desatendida.

                Debemos entender que nuestra primera y más alta responsabilidad NO es con nuestro entorno sino con nosotros mismos.  Nadie puede dar nada que no haya recibido.  Para poder dar debo recibir primero.  Si no recibo, debo buscar y proveer para mí mismo(a).
                Debemos, pues, salirnos del esquema mental que le da la prioridad al trabajo y al dinero.  De ninguna forma esto implica caer en irresponsabilidad, haraganería, egoísmo, desidia o sensualidad, sino reajustar nuestras prioridades para lograr plenitud y el máximo de satisfacción posible en la vida, a través, precisamente, de la colocación correcta de cada cosa dentro del marco de esta vida.  Sólo teniendo conciencia de nuestra alma vamos a poder cumplir plenamente con la responsabilidad de cuidar del mundo material que nos ha sido concedido.

                El placer es algo totalmente lícito que Dios nos ha concedido.  Tan sólo debemos tener una fe, una disposición y una apertura de niños para entrar en contacto con nuestros sentidos y con el mundo que nos rodea, para así poder cumplir en forma más cabal con cualquier función con la cual debamos cumplir.  Una persona satisfecha, en paz, feliz, es una persona mucho más creativa, productiva, fuerte y eficiente que una insatisfecha, inquieta e infeliz.

                Debemos aprender a sentir el placer, a disfrutarlo y a atesorarlo.  El amor no siempre llega a través de la misma puerta.  Algunos no han recibido amor por parte de sus familias, y otros lo han recibido a través de algún amigo, maestro o persona ajena a la familia.  Una vez recibimos amor, la puerta al placer se ha abierto totalmente delante de nosotros y sólo debemos extendernos hacia él para tocarlo, abrazarlo y disfrutarlo.  Si este amor no ha llegado a tu puerta puedes encontrarlo a través de la fe y del espejo.  Puedes ver el amor de Dios manifiesto hacia ti, habiéndote creado.  Y debes amarte tú, teniendo cuidado de ti mismo/a y echando mano de todo lo que Dios ha puesto a tu alcance.

Disfruta el placer de inhalar aire puro.  Disfruta el azul del cielo, perderte en su inmensidad y contemplar las nubes blancas, el sol, los pájaros, los árboles.  Siente la caricia del viento sobre tu piel y la caricia del calor del sol.  Disfruta el aroma del césped recién cortado, los aromas del campo, de la ciudad:  el pan recién horneado, el café, las carnes, las sopas, los pasteles, … disfruta de una tina llena de agua caliente y espuma, del suave aroma del jabón y el shampoo, del escogido olor de un perfume, … disfruta la paz, el consuelo, la alegría, el ánimo de buena música:  piano, flauta, guitarra, saxofón, violín, trompeta, música del caribe, castañuelas, tambores, orquesta, … cuadros apacibles, pinturas de una llanura, de un río, de un amanecer, del mar, de un colibrí, de una flor, de una madre cargando a su bebé, de una pareja abrazada.  Disfruta el placer de percibir el amor a través de tus 5 sentidos y disfruta el placer de compartir ese sentimiento.

                Una vez te sumerges en el amor olvidas el sufrimiento, te alejas del temor, anulas el frío y el dolor y puedes abrir la puerta para dar y recibir de otros.  Ya no vives en la dura y ácida responsabilidad de cumplir, sino en la emocionante aventura del placer de amar.
                 Sólo en la medida en la que te amas a ti mismo/a puedes amar a otros.  Habiendo descubierto el placer de amarnos a nosotros mismos, podremos disfrutar el placer de amar a otros, y también nuestro entorno.

                 Descubres que la vida no es una obligación sino un privilegio.  Al cambiar nuestro enfoque, al ocuparnos de nuestro bienestar y de nuestra felicidad logramos la capacidad de compartir y dar a otros de lo que hemos recibido, y no vivimos perseguidos, acosados y obligados a cumplir, sino disfrutamos sincera y profundamente el abrirnos y darnos, el servir, ayudar, enseñar, compartir, perdonar, aprender, caminar unánimemente en la persecución conjunta de la plenitud en comunidad.  

                Debemos amarnos consciente, responsable y fielmente, para nunca entrar en déficit y vernos incapacitados para dar a los demás.  

Disfrutando de nuestra vida y del maravilloso mundo que nos rodea vamos a poder vivir en el placer de amar. 

Debemos renunciar al pensamiento que nos tortura y agobia, recordándonos una y otra vez la obligación que tenemos con la vida, y aceptar el regalo de la vida que nuestro Creador nos ha dado. Pensando correctamente no nos alejaremos nunca de la meta ni olvidaremos nuestro propósito, así como tampoco nuestros derechos.  

     ¡Vivamos en el placer de amar, 
y disfrutemos a manos llenas tal placer!











Recuerdos



Cuanto atesoro aquel momento

grato recuerdo de un bello encuentro,

tu sonrisa, rayo de luz celestial.



El comienzo de un largo camino.

El inicio de un amor divino.

La vida y su ritmo cambiante

enseñándonos el paso constante

de tu corazón y el mío

hasta formar un dulce rio.



Besos, caricias, ternura,

cual miel su dulzura;

como mecidos por el viento,

preservados a través del tiempo.

Su intenso calor

alivia el dolor.



Cada recuerdo, como una flor

llena mis pensamientos de bello color.


Cada lección aprendida

añade riqueza a nuestra vida.

Cada triunfo, cual canción

alegra nuestra unión.

El amor, mi nota predilecta,

música perfecta.



Juntos hemos recorrido un largo trecho

y hoy disfrutamos la paz bajo el mismo techo

Junto a ti quiero aprender lo que aún falte,

y disfrutar intensamente hasta el último instante.



No me dejes apagarme,

no me permitas amargarme,

recuérdame la miel de ayer

y dame hoy vino y leche a beber. 



                                     A mis abuelos maternos, en los últimos        

                                días de vida de él. Un matrimonio

                             de 69 años.





Recomendación:

Libro:  "Entrega absoluta"  (Andrew Murray)

Canciones:
"Estar enamorado es"  (Rafael)
"Don´t know much"  (Aaron Neville)
"Somewhere down the road" (Barry Manilow)
"Through the years"  (Kenny Rogers)
"Too much heaven" (Bee Gees)
"Cherish" (Kool & the Gang)
"We fell in love"  (E. Humperdinck)
"L-O-V-E"  (The parent trap soundtrack 1)
"Nothin´s gonna change my love for you" (G. Benson)
"Duda de amor" (C.Sesto)