¿Recuerdas cuándo fue la primera vez que disfrutaste por primera vez un agradable aroma, un delicioso sabor, bellos sonidos, o algo que le haya causado una buena impresión a tus ojos?
El
placer no es algo instantáneo. La primera
impresión no es siempre agradable.
El bebé está
totalmente conectado con su ser interior y hambriento de contacto con su mundo
exterior. Los colores, la luz, los
aromas, los sabores, las texturas causan una impresión sobre él, y su cerebro
limpio y hambriento detecta inmediatamente la diferencia entre lo agradable y
lo desagradable. Cuando no hemos crecido
rodeados de amor y protegidos, en un ambiente de libertad para crecer en esta
línea, los prejuicios y los temores pueden mantenernos alejados de algo que
otorga placer.
Cuando
tenemos sensaciones agradables, percibimos una antesala de placer. Dependiendo de nuestra paz interior y de
nuestra actitud mental, podemos percibir algo agradable como desagradable y
perdernos el placer de disfrutar de lo que Dios nos da:
Sentir
el sol sobre la piel, el viento rosando tu cara, el agua tibia o caliente sobre
tu cuerpo, o el agua refrescándote tras mucho ejercicio o mucho sudor en un
lugar cálido; una bebida caliente, una
chimenea, un cómodo suéter en un lugar nevado; un delicioso pedazo de lomito, jugoso y bien asado, con una exquisita y
fresca ensalada, una papa al horno y un vino de la mejor calidad.
Lo
primero que experimentamos de bebés es el placer de estar en los brazos de
nuestra madre y pegados a su pecho caliente; sorber la deliciosa leche que
sacia nuestra hambre anula el dolor, aleja todo frío y nos llena de bienestar
y paz. Dormimos tranquilos y calientitos
en una cama limpia y cómoda, preparada para nosotros, con una almohadita y
colchitas escogidas para mí y para ti.
Como niños amados desconocemos el dolor, el sufrimiento, el abandono, el
desprecio, el miedo. Todo está provisto,
todo está bien. Experimentamos el placer
del bienestar de vivir protegidos por el amor.
Conforme
vamos desarrollándonos vamos a dirigir nuestra mente, nuestros pensamientos y
nuestros sentidos en otra dirección: la
de la curiosidad, la del conocimiento, la de la experimentación, dejando el
placer de lado, a veces rezagado, a veces olvidado, a veces menospreciado.
Según
las exigencias de nuestro entorno, el placer puede convertirse hasta en una
molestia o un estorbo porque nos distrae de la ardiente tarea de cumplir con
una gran responsabilidad, exponiéndonos
a saciar luego la necesidad con sensaciones superficiales, artificiales y
falsas, que no tienen la capacidad de cubrir una necesidad que fue desatendida.
Debemos
entender que nuestra primera y más alta responsabilidad NO es con nuestro
entorno sino con nosotros mismos. Nadie
puede dar nada que no haya recibido.
Para poder dar debo recibir primero.
Si no recibo, debo buscar y proveer para mí mismo(a).
Debemos,
pues, salirnos del esquema mental que le da la prioridad al trabajo y al
dinero. De ninguna forma esto implica
caer en irresponsabilidad, haraganería, egoísmo, desidia o sensualidad, sino
reajustar nuestras prioridades para lograr plenitud y el máximo de satisfacción
posible en la vida, a través, precisamente, de la colocación correcta de cada
cosa dentro del marco de esta vida. Sólo
teniendo conciencia de nuestra alma vamos a poder cumplir plenamente con la
responsabilidad de cuidar del mundo material que nos ha sido concedido.
El
placer es algo totalmente lícito que Dios nos ha concedido. Tan sólo debemos tener una fe, una disposición
y una apertura de niños para entrar en contacto con nuestros sentidos y con el
mundo que nos rodea, para así poder cumplir en forma más cabal con cualquier
función con la cual debamos cumplir. Una
persona satisfecha, en paz, feliz, es una persona mucho más creativa,
productiva, fuerte y eficiente que una insatisfecha, inquieta e infeliz.
Debemos
aprender a sentir el placer, a disfrutarlo y a atesorarlo. El amor no siempre llega a través de la misma
puerta. Algunos no han recibido amor por
parte de sus familias, y otros lo han recibido a través de algún amigo, maestro o
persona ajena a la familia. Una vez
recibimos amor, la puerta al placer se ha abierto totalmente delante de
nosotros y sólo debemos extendernos hacia él para tocarlo, abrazarlo y
disfrutarlo. Si este amor no ha llegado
a tu puerta puedes encontrarlo a través de la fe y del espejo. Puedes ver el amor de Dios manifiesto hacia
ti, habiéndote creado. Y debes amarte
tú, teniendo cuidado de ti mismo/a y echando mano de todo lo que Dios ha puesto a
tu alcance.
Disfruta el
placer de inhalar aire puro. Disfruta el
azul del cielo, perderte en su inmensidad y contemplar las nubes blancas, el
sol, los pájaros, los árboles. Siente la
caricia del viento sobre tu piel y la caricia del calor del sol. Disfruta el aroma del césped recién cortado,
los aromas del campo, de la ciudad: el
pan recién horneado, el café, las carnes, las sopas, los pasteles, … disfruta
de una tina llena de agua caliente y espuma, del suave aroma del jabón y el
shampoo, del escogido olor de un perfume, … disfruta la paz, el consuelo, la
alegría, el ánimo de buena música:
piano, flauta, guitarra, saxofón, violín, trompeta, música del caribe,
castañuelas, tambores, orquesta, … cuadros apacibles, pinturas de una llanura,
de un río, de un amanecer, del mar, de un colibrí, de una flor, de una madre
cargando a su bebé, de una pareja abrazada.
Disfruta el placer de percibir el amor a través de tus 5 sentidos y
disfruta el placer de compartir ese sentimiento.
Una
vez te sumerges en el amor olvidas el sufrimiento, te alejas del temor, anulas
el frío y el dolor y puedes abrir la puerta para dar y recibir de otros. Ya no vives en la dura y ácida
responsabilidad de cumplir, sino en la emocionante aventura del placer de amar.
Sólo en la medida en la que te amas a ti mismo/a puedes amar a otros. Habiendo descubierto el placer de amarnos a nosotros mismos, podremos disfrutar el placer de amar a otros, y también nuestro entorno.
Sólo en la medida en la que te amas a ti mismo/a puedes amar a otros. Habiendo descubierto el placer de amarnos a nosotros mismos, podremos disfrutar el placer de amar a otros, y también nuestro entorno.
Descubres que la vida no es una obligación
sino un privilegio. Al cambiar nuestro
enfoque, al ocuparnos de nuestro bienestar y de nuestra felicidad logramos la
capacidad de compartir y dar a otros de lo que hemos recibido, y no vivimos
perseguidos, acosados y obligados a cumplir, sino disfrutamos sincera y
profundamente el abrirnos y darnos, el servir, ayudar, enseñar, compartir,
perdonar, aprender, caminar unánimemente en la persecución conjunta de la
plenitud en comunidad.
Debemos
amarnos consciente, responsable y fielmente, para nunca entrar en déficit y
vernos incapacitados para dar a los demás.
Disfrutando de nuestra vida y del maravilloso mundo que nos rodea
vamos a poder vivir en el placer de amar.
Debemos
renunciar al pensamiento que nos tortura y agobia, recordándonos una y otra vez
la obligación que tenemos con la vida, y aceptar el regalo de la vida que nuestro Creador nos ha dado.
Pensando correctamente no nos alejaremos nunca de la meta ni olvidaremos
nuestro propósito, así como tampoco nuestros derechos.
¡Vivamos
en el placer de amar,
y disfrutemos a manos llenas tal placer!
Recuerdos
Cuanto
atesoro aquel momento
grato
recuerdo de un bello encuentro,
tu
sonrisa, rayo de luz celestial.
El comienzo de un largo camino.
El
inicio de un amor divino.
La
vida y su ritmo cambiante
enseñándonos
el paso constante
de
tu corazón y el mío
hasta
formar un dulce rio.
Besos,
caricias, ternura,
cual
miel su dulzura;
como
mecidos por el viento,
preservados
a través del tiempo.
Su
intenso calor
alivia
el dolor.
Cada
recuerdo, como una flor
llena
mis pensamientos de bello color.
Cada
lección aprendida
añade
riqueza a nuestra vida.
Cada
triunfo, cual canción
alegra
nuestra unión.
El
amor, mi nota predilecta,
música
perfecta.
Juntos
hemos recorrido un largo trecho
y
hoy disfrutamos la paz bajo el mismo
techo
Junto
a ti quiero aprender lo que aún falte,
y
disfrutar intensamente hasta el último instante.
No
me dejes apagarme,
no
me permitas amargarme,
recuérdame
la miel de ayer
y
dame hoy vino y leche a beber.
A mis
abuelos maternos, en los últimos
días de vida de
él. Un matrimonio
de 69 años.
Recomendación:
Libro: "Entrega absoluta" (Andrew Murray)
Canciones:
"Estar enamorado es" (Rafael)
"Don´t know much" (Aaron Neville)
"Somewhere down the road" (Barry Manilow)
"Through the years" (Kenny Rogers)
"Too much heaven" (Bee Gees)
"Cherish" (Kool & the Gang)
"We fell in love" (E. Humperdinck)
"L-O-V-E" (The parent trap soundtrack 1)
"Nothin´s gonna change my love for you" (G. Benson)
"Duda de amor" (C.Sesto)